Creemos que el teatro surgió como un ritual de corporalización; un acontecimiento cuyo objetivo era compartir conocimiento, pero no de una manera descriptiva, sino como una experiencia física, somática; de forma trascendental.
Como compañía, invertimos mucho en una investigación cuyo objetivo es encontrar ese canal comunicativo: cuerpo a cuerpo. En ofrecer un trabajo artístico que toque al espectador de manera honesta y profunda, real, pues creemos que ese es el valor singular y único que aporta el teatro: llegar allí donde las cosas suceden de verdad.
En los años 60, visionarios como Asimov, Bradbury o K. Dick imaginaron un futuro en el que las máquinas dominarían a la humanidad. Situados ya en ese futuro, quizás seamos nosotros quienes hayamos acabado por supeditarnos a ellas; cediéndoles nuestra capacidad de agencia, sacrificando la intuición en favor de la inmediatez y el confort; u olvidando, en la virtualidad del dispositivo, las cualidades que nos definen como humanos —la empatía, la compasión, el amor— deviniendo así, nosotros mismos, en máquinas.